Discurso a la “Jacques Derrida”
(Monólogo engorroso)
Y creo que por esto me he vuelto a enamorar de ti. A través de la lupa de un filósofo, que al igual que yo, valora el sentido de la de-construcción en sí:
Tú mujer, que has hecho sentir mi lejanía (o tu lejanía: todavía indescifrable). Te creo capaz, ciega y mortal (de lo que se me presenta), con la vista a la obstinación; y por consiguiente, al contenido de la misma cosa: la verdad.
Hoy me has dicho: “salgo con alguien más” y como enigma velado a la proximidad, me abro y doy lugar a la verdad. Mujer, me separo de ti para encontrar un infinito sosiego, una separación de nuevo, (suponiendo que lo adherible no tenía remedio). La negación pasada (objeto de una decadencia, de nuevo adherible): lo que más quería estaba fuera de ti. Busqué distancia, para separarme de eso mismo que atestaba.
Y ahora, en lenguaje de los filósofos; un actio in distans, nace un descompuesto contra la fascinación: no te tengo, y experimento un enigma velado, que da lugar a toda clase de celos indescifrables (nunca tuve momentos adheribles, nunca soñé, nunca creí). Y antes que eso, (el celo como resultado de…) me enamoré de nuevo; en mis noche lloraba, me des-habitaba, extrañaba (del sufijo no-tener).
La abertura da lugar a la verdad, y tú mujer, separas de ti misma un nombre. Porque…no te has dejado seducir de un de-compuesto; y porque además, soy incapaz de pronunciar el mundo real. Y tú, eras real, mujer de nombre. Contra ti misma te retengo, si no me creyera capaz, llegando el caso de utilizar un puñal. No entiendo al amor, más que ahora (nunca supe, más que hoy).
Pregunto si todos los poetas fueron éstos, y si otros, seguirán después que esto: no-realismo: pronunciando palabras amorosas en descenso; ciegos, una clase de artimaña utilizada en el lenguaje del silencio (no-amar). Pronunciamos cosas a distancia. ¿De qué? Si esta soledad fuera la única real, sería capaz de construir un lenguaje verdadero, (para y desde) nosotros mismos?
Pharmmarkon (en udati graspei) “El espolón” así diría Derrida, que protege contra la amenaza, ciega y mortal (de lo que se me presenta a distancia): soledad. La cosa misma, la verdad: amor. ¿y si tú mujer, fueras sólo esta idea? No entiendo entonces a la vida.
¿Cómo es posible amarte en acto distante, y que tu voz sea fascinante, cuando me has dicho en realidad “estoy con otra”? Decir que la única lengua que hablo no es la mía, es como afirmar que he amado fuera del amor: contradicción. Esta ley, antagónica desde el momento mismo en que se pronuncia (antinomia…que no he podido descifrar); división, por ello se escribe, tal vez como se sueña escribir; amor, tal vez por ello se ama como se sueña amar. Entonces necesitaría alguien que me recordara quién soy (porque es claro que ahora no-soy, y mantengo la razón de mi otra vida).
Tal vez tú, en tu no-dejarte seducir, me recuerdas quién soy. Quizás por eso cobra sentido mi propia pertenencia; una doble negación: no te amo cuando estás, te amo cuando no estás. Es decir, soy yo cuando detesto la idea de amarte cuando no estás; me doy cuenta de lo mucho que me recuerdas a mí misma: este poeta que sueña amar (solamente…el barco buscando el mar).
Derrida contesta al monolingüe que ha asumido (aparente contradicción) “ “No tengo más que una lengua, no es la mía.” Y, aún, o además: “Soy monolingüe” que, no hay para él más que lenguas de llegada, — no logran lograrse, habida cuenta de que ya no saben de dónde parten, ni de qué hablan y cuál es el sentido de su trayecto. Lenguas sin itinerario, y sobre todo sin autopista de no sé qué información… Esta situación excepcional es al mismo tiempo ejemplar, ciertamente, de una estructura universal; representa o refleja una especie de “alienación” originaria que instituye a toda lengua como lengua del otro: la imposible propiedad de una lengua.
A lo que resumo en debida cuenta, haciendo cierta similitud en el lenguaje del amor, que, la imposibilidad de amarte a cercanía y la posibilidad de amarte en soledad, constituye una doble negación, y una consolidación más cercana a mi concepto de “mi yo”: la alienación originaria de mí misma: no sé, y nunca he sabido amar. No sé del poeta, (aunque de repente me pareció) que todos somos unos hijos de la chingada.
Disculpa, y tal vez algún día (el barco navegue en alta mar).
Arianna Bañuelos Zetina
Internacionalista de profesión; poeta y ensayista experimental. Nació en la ciudad de México el 28 de junio de 1985. Ha publicado Doppelgänger: Espejo Malvado (2008), poemario editado por la Asociación de Revistas Digitales de España (ARDE). Antologada en K. 488: Efecto Mozart (Poesía Cero, México, 2009); Audiciones (Cupido Internauta, México 2009); en las revistas digitales: “Letralia”, “Palabras Diversas”; en las revistas nacionales: “Letras en Rebeldía” y “La línea del Cosmonauta”. Finalista en “Creación Literaria”, con su obra: Mar Interrumpido (ITESM, 2009); finalista al concurso internacional “Verso Digital 2009” y publicación de la obra Aiwvia. Ha cooperado con la acción al Movimiento Fusionista en la ciudad de México a través de su texto: “A los fusionistas; voz de juventud, voz del hoy del mañana”. Colabora quincenalmente para el periódico El Imparcial, suplemento cultural en Oaxaca, México.
Su blog: www.voce-ary.blogspot.com

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